Haz como la Rubia, ¡cacarea!

pimicacareaHola, soy Pimi y de vez en cuando me paso por este blog. Me gustaría aparecer más seguido, pero la verdad es que la empresa poco tiempo me deja. Además, últimamente he pasado una temporada en el pueblo, asuntos de familia.

Allá las cosas son muy distintas a la ciudad donde vivo y trabajo. Tienen otro ritmo y la verdad es que parece mentira, pero me costó adaptarme. Yo venía muy acelerado y mi tía Carmen no hacía más que decirme: tranquilo hombre, déjate ya de tanto café y ven a tomarte unos huevos fresquitos. Son de la Rubia, la mejor gallina que tenemos. ¿No la has oído cacarear? Monta un verdadero escándalo cada vez que pone un huevo.

Y ahí estaba yo, sin hambre pero dispuesto a comerme los huevos de la Rubia. Y la verdad, es que estaban buenísimos. Mientras los disfrutaba, llegó Pepe, el vecino. Apenas entró, me miró y dijo: ¿A que están buenos los huevos de la Rubia?

Asombrado, levanté la vista del plato y le pregunte: ¿pero tú cómo sabes que son los huevos de la Rubia?

-Pero bueno, Pimi, cómo no voy a saberlo, con el escándalo que monta cada vez que pone un huevo. Todo el pueblo lo sabe.

En esas estábamos cuando nos interrumpió el sonido de un claxon, seguido de una voz metálica que salía de un equipo de megafonía. Traigo merluza fresquita, decía. Es Nacho, el pescadero, me explicó Pepe. Desde que se compró el equipo de megafonía se parece a la Rubia, cacarea y todas las mujeres del pueblo se acercan a la furgoneta.

Mientras me daba un paseo, pensaba que en la ciudad, con tanto que hacer nos olvidamos de lo más básico, como disfrutar del sabor de los huevos frescos de la Rubia. Inmediatamente y sin poder evitarlo, empecé a pensar en todo el trabajo que tenía pendiente. Mentalmente fuí haciendo un listado: ampliación del horario de atención, nuevos productos… Y en eso estaba cuando recordé nuevamente a la Rubia. Hombre, Pimi, me dije, resulta que estás trabajando como un burro para ofrecer siempre algo nuevo pero la cosa no acaba de funcionar. Algo pasa, algo tienes que mejorar. Das cada día mejor servicio, pero a los clientes no parece importarle. Vamos a ver, por ejemplo. Ya no cierras a medio día, pero a pesar de tanto esfuerzo, viene muy poca gente a esas horas ¿por qué? ¿Has informado a toda la clientela de la ampliación de horario? ¿Has puesto algún cartel? ¿Por qué no cacareas como la Rubia? Nacho, el pescadero, aprendió de ella y no le va nada mal.

Entonces comprendí que tenía que comunicar cada nueva cosa que hiciera mi empresa.

Cada nueva oferta, cada nuevo servicio, si participo en un curso o en un encuentro empresarial, lo cacareo. Con alegría, tratando de que mi voz forme parte de la vida de los que me rodean, pero recordándoles todo lo bueno que tiene mi empresa para ofrecer.

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Haz como la Rubia, ¡cacarea!

2 respuestas

  1. Hola, todos queremos cacarear, pero lo que no sabemos es cómo hacer que todo el pueblo, los que queremos, se enteren. Además de decirlo, tenemos que tener un escenario de relaciones, de comunicación sensible a nuestro cacareo. Entonces el cansado y exigente decir tiene su contexto y alcanza todo su sentido. Entonces, si no me equivoco, cuando decimos estamos intentando construir ese contexto y ese foro, así que hay que enlazarse, sumarse a las conversaciones, matizar y comentar…. Aún más trabajo, al menos, mientras no tenga cierta consistencia, el contexto, la red.

    dan3 15 Marzo 2007 at 13:42 #

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