Chicles, sal y yofo, tres historias de innovación

REV7

Hay muchas razones para innvovar y muchas maneras de hacerlo. Hoy te presentamos tres historias de innovación cuyos resultados aún desconocemos. Tres formas de enfretarse a tres problemas. Uno parece sencillo y banal, pero cuya solución es compleja. Otro muy complejo, resuelto con sencillez. Y un tercer innovador que quiere resolver su vida, facilitando la vida a los demás. Tres historias que dan que pensar.

Chicles que no se pegan

Parece una tontería, pero los chicles representan un serio problema para las ciudades porque despegarlos de las aceras cuesta un dineral.

Solo la ciudad de Londres se gasta cerca de once millones y medio de euros al año en despegar chicles.

Así que quien consiga chicles que reduzcan estos gastos, se hará de oro.

Pero la solución no es tan sencilla.

El profesor Terence Cosgrove, de la Universidad de Bristol, creó una que puede funcionar: un polímero que permite fabricar chicles con buen sabor que además se despegan más fácilmente que los normales de suelos, suelas, ropa e incluso del pelo.

Para explotar comercialmente este producto, en 2005 nació la empresa Revolymer que espera tener sus chicles, Rev7, en el mercado este mismo año 2011.

Resolver el problema de los chicles, que parece una nimiedad, exige años de trabajo e inversión con resultados que aún están por verse.

Discos duros con sal

Muy lejos de Gran Bretaña, en Singapur, el doctor Joel Yang, aspiraba a resolver un problema aparentemente mucho más complejo que el de los chicles: ampliar la capacidad de los discos duros de los ordenadores y otros equipos.

Y encontró una solución muy simple: la sal.

Sí, gracias a la misma sal que usamos en nuestros alimentos consiguió multiplicar por seis la capacidad de los discos duros.

Pero la solución que encontró no es sencilla aunque nos la explique simplemente:

Es como guardar ropa en una maleta, cuanto mejor la ordenes, más te cabe.

Los discos duros actuales tienen minúsculos gránulos magnéticos distribuidos aleatoriamente y algunas decenas de ellos forman un bit.

Yang y su equipo del Instituto de Investigación de Materiales e Ingeniería (IMRE) trabajaron con gránulos algo más grandes, pero distribuidos de manera organizada y donde cada grupo de granos alberga un bit.

Es decir ordenaron los granos como ordenamos la ropa en una maleta y así consiguieron multiplicar por seis la capacidad de almacenamiento.

Un proceso de litografía por haz de electrones produce las nanoestructuras de los discos, Yang añadió cloruro de sodio, es decir sal, a la solución de revelado y así consiguió una resolución mucho mayor, sin aumentar desmesuradamente los costes.

Ventosas para el iPhone

Yafo

En la otra punta del mundo, John Vons, arquitecto lleva tres años en el paro. Ha tenido que abandonar su casa de Nueva York y está viviendo en Alabama con sus suegros, que tienen una funeraria en la que echa una mano.

John quiere cambiar su vida y para ello ha creado un accesorio para el iPhone y otros smartphones al que llama yofo.

Básicamente se trata de una ventosa que ayuda a mantener al teléfono sobre el hombro mientras hablas, permite asirlo fácilmente o fijarlo sobre una mesa u otra superficie para navegar, jugar o hacer fotos.

John Vons consiguió que un amigo invirtiera un dinero que le permitió producir 10.000 yofos y crear una web para venderlos.

Y para tratar de promocionar su producto volvió a Nueva York para dar a conocerlo entre la gente que hacía cola para comprar el nuevo modelo de iPhone y casi sin darse cuenta llegó a aparecer en importantes medios de comunicación.

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