Porqué, a pesar de las crisis y los malos gobiernos, seguiré creando empresas

Manifestación de desempleados durante la Gran Depresión

Me llamo Jorge Elías Churba porque Elías se llamaba mi abuelo, un señor que huyendo de la miseria que acosaba a los judíos de Damasco un día emigró a Argentina.

En el camino, Elías lo perdió todo y no tuvo más remedio que desembarcar en Buenos Aires en pijama y aunque no hablaba ni una palabra de castellano, andando el tiempo, con mucho trabajo y esfuerzo, consiguió abrir una tienda y poco después tenía dos.

Las cosas le iban bien y su gran familia prosperaba un poco más allá del límite norte de la ciudad de Buenos Aires, en un lugar muy peculiar llamado Tigre que es, de hecho, la capital del delta del Paraná.

La crisis del 29

Hasta que las consecuencias del crack del 29 llegaron hasta allí y mi abuelo, que jamás había invertido en Bolsa y que probablemente ni siquiera sabía qué era la Bolsa, no solo se vio obligado a cerrar sus tiendas, sino que, gracias a una legislación que hoy sería imposible, acabó preso por deudas.

Entonces le tocó trabajar a mi padre, Simón, que con cinco años, poco más o menos, empezó a ayudar a un lechero.

Simón nunca dejó de trabajar, tratando de mejorar su situación cada día.

La primera empresa

Cuando era todavía muy joven y trabajaba en una fábrica de neumáticos, dejó su empleo para crear su propia empresa.

Volverás con el rabo entre las patas, le dijeron. Pero él jamás volvió y todavía hoy, muchos años después, lo proclama con orgullo.

Al principio, Simón vendía ropa a domicilio y para darse a conocer buscó un nombre más fashion que el suyo, Jorge, por eso mi madre decidió llamarme así.

Después creó con sus hermanas una empresa dedicada a comercializar ropa de moda.

Innovación

Más tarde la dejó para fundar Encendido Monroe, junto a mi tío materno, una empresa innovadora que supo diferenciarse.

Porque cuando todos los comercios de recambios del automóvil de Buenos Aires, o casas de repuestos como los llamábamos, se dedicaban a una marca, Encendido Monroe ofrecía todo para una parte del vehículo, el encendido, sin importar su marca.

A muchos les pareció una locura. Te vas a fundir le dijeron.

Sin embargo, durante cuarenta años y hasta que un mal gobernante decretó que un peso era igual a un dólar, Encendido Monroe prosperó, nos dió a toda la familia una buena vida y a nosotros, los más jóvenes, una educación que el abuelo Elías jamás hubiera soñado.

Así que yo pude dedicarme durante muchos años a lo que me gustaba: la fotografía, el periodismo y los viajes.

Yo invento mi trabajo

Hasta que los medios empezaron a expulsar a los que teníamos experiencia y ganábamos un buen sueldo.

Desde entonces, con mayor o menor fortuna, creo empresas, porque la vida, mi abuelo y mi padre me mostraron que no hay trabajo más seguro que el que tú te inventas.

Y si la crisis y los malos gobernantes acaban con tu negocio y destruyen tu trabajo, siempre tienes una opción: inventarte otro.

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