
Tras una reconversión de más de siete años y muchas dudas sobre su constitucionalidad, las Cámaras de Comercio se han convertido en grandes centros prestadores de servicios para las empresas. Hay 85 en España y sus grandes bazas son el apoyo a la exportación y la formación.
La Ley de Cámaras de Comercio obliga a cada autónomo y empresario a pagar una cuota anual vinculada a su IAE (Impuesto de Actividades Económicas). Dos tercios del dinero recaudado se destinan a promocionar el comercio exterior, y el tercio restante a formación de trabajadores. Los nuevos servicios de las Cámaras han generado un nuevo modelo de financiación, las ayudas y programas públicos nacionales o europeos.
Sin embargo, la mayoría pagamos a cambio de nada, tal como reconocen algunas Cámaras en sus webs:
La liquidación tiene carácter tributario, no se ingresa como contrapartida de ningún servicio, no obstante, La Cámara está al servicio de las empresas.
La oposición al pago de cuotas obligatorias a las Cámaras de Comercio sigue en aumento y, en algunos campos, tiende a generalizarse. No es de extrañar que la mayor parte de las federaciones de autónomos insistan en la necesidad de rechazar dichas cuotas obligatorias. Los autónomos ya tienen bastantes cargas ¿por qué soportar más pagos a entidades que no les aportan nada?. En realidad, ni a ellos ni a miles de pymes que no exportamos ni utilizamos sus servicios de formación porque preferimos los que ofrecen otras asociaciones y empresas especializadas.
La única salida a este conflicto tan absurdo es la voluntariedad, porque todos -excepto los pocos que se benefician de ellas- nos preguntamos para qué sirven las cámaras de comercio.
¿Y tú qué opinas?

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