Si es difícil de decir, debe ser peligroso

Parque de atracciones

El nombre de un producto o servicio es fundamental para determinar cómo lo ven los consumidores. Un nombre equivocado puede provocar que el producto sea visto como peligroso por los clientes potenciales.

Todos tenemos diferentes criterios sobre lo que consideramos peligroso.
Sin embargo, numerosos estudios han sugerido que tendemos a considerar que los productos y actividades que nos son familiares son menos arriesgados y peligrosos que los desconocidos.

Así, si algo es conocido, lo consideramos cómodo y seguro.

Pero ¿cómo sabemos si algo es familiar?

A menudo nos basamos en una simple suposición: si es fácil de percibir, recordar o pronunciar, lo hemos visto antes.

Si es así, ¿afectará el nombre del producto y su facilidad de pronunciación, al modo en que vemos el producto?

¿Parecerá más seguro si es fácil de pronunciar?

En un nuevo estudio publicado en Psychological Science, una revista de la Asociación de Psicología Científica de los Estados Unidos, los psicólogos Hyunjin Song y Norbert Schwarz, de la Universidad de Michigan, presentaron pruebas de que si tenemos problemas con la pronunciación de algo, lo consideramos peligroso.

A un grupo de estudiantes se les dio una lista de nombres de aditivos alimentarios y se les pidió que los ordenaran según los perjuicios que pudieran causar.

Todos los aditivos tenían doce letras. El más fácil de pronunciar era Magnalroxate y el más difícil, Hnegripitrom.

Los estudiantes calificaron al más difícil de pronunciar como el más dañino.

En otro experimento, se mostró a los estudiantes una lista de supuestos nombres de atracciones de feria y se les pidió que las clasificaran por su peligrosidad y la posibilidad de que provocaran mareos u otras molestias.

Los nombres iban desde los más fáciles de pronunciar, como Chunta, a muy difíciles, como Vaiveahtoishi.

Como en el experimento anterior, los estudiantes clasificaron a las atracciones más difíciles de pronunciar, como las más arriesgadas, pero también más emocionantes.

Estos resultados muestran que la gente constantemente clasifica los elementos difíciles de pronunciar como de riesgo, y este es el caso de riesgos indeseables -como sentirse mal en una montaña rusa o peligrosos aditivos alimentarios-, así como otros riesgos deseables -por ejemplo, una emocionante experiencia en un parque de atracciones-.

Estos hallazgos también sugieren que la percepción del riesgo puede verse influida por la forma en que los temas se presentan. Si son difíciles de procesar, como lo son los nombres difíciles de pronunciar, serán considerados arriesgados.

Los autores señalan que estos hallazgos son relevantes para la comunicación de riesgos y sugieren que los productos con nombres difíciles

pueden alertar a los consumidores de los riesgos que plantean los productos potencialmente peligrosos, posiblemente motivándolos a prestar más atención a las advertencias e instrucciones.

Fuente: Association for Psychological Science. Foto: Nina`H/Creative Commons.

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