
Determinar el precio que los demás están dispuestos a pagar por un producto no es tarea sencilla. Y si para hacerlo nos basamos solamente en lo que creemos, hay muchas posibilidades de que nos equivoquemos. Así lo demuestra un estudio reciente que revela que no importa de lo que se trate, ya sean ositos de peluche o iPhones, siempre creemos que los demás están dispuestos a pagar más que nosotros.



